De pequeño, conviví con la marginación en el seno de una familia de clase media, no burguesa y no fue hasta los 18 años, cuando me revelé contra todo y comencé un proceso de deconstrucción, sin referentes salvo las lecturas que devoraba con ansia después de que una prima, me descubrió la fascinación por la literatura. Lo que he hecho en la vida tampoco me ha venido rodado, sino a base de esfuerzo y lucha, contra muros infranqueables o incluso enfrentándome a Lestrigones.
Me crie en un matriarcado, dado que mi padre se murió cuando yo tenía 12
años y perdí un referente. Mi abuela materna, fue una mujer trabajadora,
bastante intolerante, franquista y racista, era víctima de una educación
pueblerina, ultracatólica y lo pasó mal en la posguerra. Sin embargo, nos sacó
adelante y estuve con ella hasta el final de sus días pues yo la quería. Mi
abuelo materno se quedó ciego casi rondando los 60 y fue muy duro para él y por
ende a nuestra familia, ya que convirtió su vida en un calvario, con constante
gritos de amargura, quejándose siempre de su aflicción. Y en ese entorno, pasé
gran parte de mi infancia y adolescencia, callado, intentando dar sentido a
esta vida única que se me ha otorgado. Volveré seguramente a ser yo mismo
después de mirar el niño interior que está presente en mi alma hoy en día muy
escindida.
