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martes, 7 de julio de 2026

 


Yo no nací de pie ni siquiera sentado, ni tampoco de culo. Según decía mi madre y lo verbalizo en pasado, pues ahora está en un mundo inconsciente, me sacaron con fórceps, agarrando mi cabecita pues no quería salir al mundo. Tuve una infancia un tanto feliz al principio de mi vida, pero cuando adquirí conciencia de mi yo, empecé a sufrir el acaso repetido y continuado en la EGB, luego en el Bachillerato. Aprendí a soportar palizas, tanto en el Colegio como en mi barrio, y todo lo llevé en silencio como siempre. Lo peor vendría después, ya que en mi entorno familiar no quería que supieran como era por dentro, pero se me notaba la pluma y me lo recordaban siempre. Ser maricón en una familia tradicional era un pecado, casi una maldición, pero es que hasta por el siempre hecho de serlo, ya era terreno de mofa entre los familiares.

De pequeño, conviví con la marginación en el seno de una familia de clase media, no burguesa y no fue hasta los 18 años, cuando me revelé contra todo y comencé un proceso de deconstrucción, sin referentes salvo las lecturas que devoraba con ansia después de que una prima, me descubrió la fascinación por la literatura. Lo que he hecho en la vida tampoco me ha venido rodado, sino a base de esfuerzo y lucha, contra muros infranqueables o incluso enfrentándome a Lestrigones.

Me crie en un matriarcado, dado que mi padre se murió cuando yo tenía 12 años y perdí un referente. Mi abuela materna, fue una mujer trabajadora, bastante intolerante, franquista y racista, era víctima de una educación pueblerina, ultracatólica y lo pasó mal en la posguerra. Sin embargo, nos sacó adelante y estuve con ella hasta el final de sus días pues yo la quería. Mi abuelo materno se quedó ciego casi rondando los 60 y fue muy duro para él y por ende a nuestra familia, ya que convirtió su vida en un calvario, con constante gritos de amargura, quejándose siempre de su aflicción. Y en ese entorno, pasé gran parte de mi infancia y adolescencia, callado, intentando dar sentido a esta vida única que se me ha otorgado. Volveré seguramente a ser yo mismo después de mirar el niño interior que está presente en mi alma hoy en día muy escindida.