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miércoles, 20 de junio de 2018





Sombras del Ayer

Todos los días paseo por estas calles y te veo hasta en las sombras, como un recuerdo que nunca se deja marchitar. Me parece escuchar el eco promisorio de tu voz diciéndome: deja que la vida te declare su existencia. Padre, en la noche callejean mis pensamientos por esos caminos, prohijando sentencias, capricho de la impaciencia y en cada esquina veo los escollos del destino. Y sin embargo, cuando cuento los pasos por donde han ido estos pies cansados, siento el periplo que han dado a través del océano del tiempo. Ahora solo tengo la memoria, deslastrada de la tristeza pero ataviada con la melancolía, marasmo que me impide soñar con el futuro. Sí hijo, tu sombra es demasiado alargada, abandónala a su suerte, no hay más espacio que el que emerge de tu interior, destella la luz con tus palabras.  Mira la sombra de ese árbol, los sentimientos son ramas enzarzadas, a veces amargos, otras amortecidos, disipados pero créeme, el tiempo cura y doblega cualquier momento sombrío. La dilección que remueve tu espíritu te hará fuerte, no te debatas solo en esa oscuridad, busca y seguramente encontrarás un nuevo camino.

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